Los caballos ferales son poblaciones que viven en libertad, descendientes de animales domesticados pero adaptados al medio natural. Representan un legado biológico y cultural único, testimonio de la historia compartida entre el ser humano y los ecosistemas ibéricos.
En los paisajes donde viven, los caballos ferales pueden desempeñar un papel ecológico clave:
🍃 Contribuir al mantenimiento de los pastizales y la biodiversidad.
🍃 Favorecer el equilibrio entre especies y la regeneración del suelo.
🍃 Reducir el riesgo de incendios mediante el control natural de la vegetación.
Su presencia puede contribuir de manera positiva a la conservación de ecosistemas, pero también puede generar presión sobre la vegetación o los suelos si las poblaciones no se gestionan adecuadamente.
Por eso, la investigación científica y el seguimiento continuo son fundamentales para entender su impacto real y garantizar una gestión ética y sostenible.
Estudiar a los caballos ferales nos permite avanzar en el conocimiento de la ecología de grandes herbívoros, su relación con los ecosistemas ibéricos y su interacción con la ganadería extensiva y el medio rural.
Observarlos ofrece una oportunidad única para comprender el comportamiento natural y social de la especie equina en un entorno libre de las limitaciones impuestas por la domesticación.
Estas poblaciones proporcionan información esencial sobre las necesidades etológicas reales de los caballos que resulta fundamental no solo para la conservación de las poblaciones ferales, sino también para mejorar el bienestar y manejo de los caballos domésticos.
En cada manada feral hay una historia de adaptación, equilibrio y libertad.